|
La morosología es una nueva disciplina de las ciencias empresariales que tiene como finalidad la investigación del fenómeno de la morosidad en todos los ámbitos y el estudio del comportamiento de los morosos. Tiene, además, la misión de desarrollar mecanismos para combatir la morosidad en los pagos. La morosidad repunta peligrosamente en España PERE J. BRACHFIELD | ATB NOTICIAS Las aseguradoras de crédito y caución, que son las compañías que poseen el mejor observatorio para detectar el aumento de los impagos empresariales, ya han lanzado avisos del importante incremento de los retrasos en el pago de las facturas comerciales que se está produciendo en España a lo largo de los últimos meses y del Tsunami de impagos que se avecina. Las previsiones de los expertos en riesgos de crédito comercial vaticinan un aumento espectacular de la morosidad a partir del segundo trimestre de 2008. Hay que hacer notar que los determinantes de la morosidad tienen por un lado causas estructurales y por otro, causas coyunturales. Entre las primeras se cuenta la actitud deliberada de algunos actores económicos (administraciones públicas, grandes corporaciones industriales, gran distribución comercial) que imponen condiciones de pago muy duras a sus proveedores. También entra en este mismo apartado, la cultura de la morosidad que se ha desarrollado en España, hasta el punto de convertirse en un comportamiento habitual. Como causa coyuntural es un clásico la ralentización de la actividad económica; este fenómeno constituye sin duda alguna, un destacado factor de riesgo para el aumento de la morosidad. De modo que las restricciones de liquidez que existen en estos momentos, provocadas por un mayor rigor de las entidades financieras a la hora de otorgar créditos a corto, sumado a la constante subida de los tipos de interés, han reactivado al virus de la morosidad que hasta hace poco vivía aletargado. Las estadísticas de los últimos meses revelan un fuerte aumento de los impagos empresariales y de los retrasos en el pago de las facturas vencidas. Esta problemática se está agudizando de forma preocupante en algunos sectores, verbigracia en el de la construcción. Como botón de muestra una importante empresa del sector de proveedores de materiales de la construcción me explicó hace pocos días que el número semanal de devoluciones de recibos domiciliados se les ha multiplicado por diez en los últimos meses. Desde la perspectiva de las finanzas operativas la explicación a lo que está ocurriendo es muy simple; muchas empresas que están sufriendo cierres del grifo pecuniario por parte de sus entidades bancarias, están sustituyendo la financiación a corto plazo por el alargamiento “sine die” de los pagos a proveedores. El peligro es que todo esto desencadene un efecto dominó de impagos en cascada. Es importante destacar que una de las inversiones más grandes que hacen las empresas es la efectuada en cuentas de clientes dentro del realizable, puesto que los derechos de cobros y créditos comerciales suelen representar una inversión muy importante y en muchas ocasiones las empresas no son plenamente conscientes de ello. Las empresas deben financiar a su vez esa masa del activo circulante, y generalmente lo hacen por medio de créditos a corto con coste financiero. El incremento de los tipos de interés está encareciendo el coste de los clientes morosos que aparecen en el balance. Además el imparable ascenso de la inflación nos permite refrescar una antigua máxima en finanzas: “el dinero con el paso del tiempo pierde valor, y a mayor inflación, más valor pierde cada día”. En consecuencia una factura impagada no sólo supone un coste financiero para el acreedor, sino que además, en el supuesto que el moroso acabe pagando toda la deuda dos meses más tarde, el acreedor sufre una merma de valor debido a la inflación desbocada que hoy por hoy existe en España. Es decir que aunque el acreedor cobre la totalidad del importe adeudado en euros, el poder adquisitivo de la cantidad de dinero recibida no es el mismo que dos meses atrás. Esta situación puede ser especialmente peligrosa para las pymes, puesto que su situación financiera es más frágil y les resulta más difícil negociar los créditos con las entidades bancarias. Además los costes financieros que han de abonar a los bancos son superiores. Consecuentemente es conveniente que las empresas tomen buena nota de los riesgos que se avecinan, y ahora que todavía están a tiempo, adopten las medidas preventivas necesarias para evitar futuros percances. Entre estas medidas hay que considerar la contratación de un seguro de crédito, la adopción de políticas de crédito y la redacción de un manual de procedimientos para la concesión de aplazamientos de pago a los clientes. Pere J. Brachfield es morosólogo, Profesor de finanzas de EAE, Escuela de Administración de Empresas
|